Innovación educativa: Camino en construcción – Parte 2 De la construcción del aprendiz hacia la construcción del enseñante y el practicante.


Por Roberto Aníbal Arce

En la Sociedad del Conocimiento pareciera que todos estamos condenados a innovar.

¿Se puede pensar en la innovación como acción individual que acontece por fuera o separada de la educación formal? Si. La historia mundial, regional y aldeana nos demuestra que hay personas especialmente dotadas de condiciones físicas, emocionales, racionales, sociales y espirituales que devienen en grandes innovadores, sin necesidad de transitar estudios formales, tan solo construyendo sus conocimientos como autodidactas y apelando a todo tipo de aprendizajes informales, y esto se muestra evidente antes y después del surgimiento de Internet. Sin embargo, una sociedad no puede pensar en alcanzar la necesaria innovación en estos términos, ciertamente aleatorios y extemporáneos, de esperar la aparición de estas personas excepcionalmente dotadas.

Entonces, ¿quién dotará a todas las personas del necesario ADN innovador y les ofrecerá las competencias necesarias para desarrollarlo, preservando la equidad en las oportunidades de acceso al conocimiento y a su buen uso, si no lo hace la Educación?

Está claro que no se puede pensar con hambre o con necesidades básicas insatisfechas, entendiendo que el holón humano es una complejidad donde lo físico, racional, emocional, social, espiritual, son solo la parte visible de un sistema mucho más complejo, con áreas aún inexploradas. Las vivencias intrauterinas y los primeros años de vida son determinantes del futuro de las personas. Los contextos familiares primero, y los sociales luego, son inevitablemente condicionantes. ¿Cuántos innovadores estamos perdiendo por no darles la oportunidad temprana de contar con los recursos básicos de alimentación y entornos propicios para serlo? Todos somos parte de un desafío ético ineludible: velar por el Otro, por su integridad, tanto como necesitamos velar por nosotros mismos y nuestras familias. Las necesidades básicas de las personas están primero y no las hemos resuelto en su totalidad. La educación es, también, una necesidad básica, aún cuando esté supeditada a la satisfacción de

la alimentación, higiene, vestido, vivienda, cultura, amor y más, que todas las personas necesitamos para ser dignamente tales.

La Educación no es un problema solo de educadores, la Educación está inmersa en un entramado social del que se nutre y al que nutre. La sociedad parece no haber madurado aún lo suficiente para reclamar a sí misma y a sus representantes la calidad y equidad educativas necesarias, asumiendo su responsabilidad indelegable: velar por el presente y el futuro de sus hijos.

Mientras tanto, los docentes innovadores se mantienen en su búsqueda de renovadas y mejoradas estrategias del enseñar y aprender, con tecnologías, social y colaborativamente, como investigadores autónomos, autofinanciando sus desarrollos, eligiendo sus líneas temáticas, automotivándose, estudiando y experimentando, en solitario o creando espacios donde la confianza multiplique la creatividad grupal, compartiendo sus trayectos con sus alumnos, desarrollando ADN innovador junto con las múltiples inteligencias y competencias imprescindibles, aprendiendo y enseñando a aprender, a ser, a saber, a saber hacer y a convivir, esto es, a vivir en paz, en armonía, fraternalmente, junto con Otros.

El accionar de los docentes innovadores es imparable, son motores del cambio. ¿Podemos esperar a que ellos hagan todo el trabajo lentamente (abordaje bottom- up), o es necesario que los sistemas educativos formales les ofrezcan mejores oportunidades para el desarrollo personal y puedan convertirse en efectivos multiplicadores en las organizaciones donde participan (top-down), o integrar estrategias concurrentes? Estamos ante problemas que requieren solución por parte de toda la sociedad, y esto incluye a los responsables de los sistemas educativos como especialistas en la cuestión.

Formar aprendices de la innovación (alumnos) que se conviertan en buenos enseñantes (educadores) de futuros practicantes (emprendedores) del complejo arte del ejercicio de la transformación creativa (personas creando valor mediante la implementación de nuevas ideas) es un desafío vigente.

 


 

Referencias:

Abraham, A., & Ferrari, C. (1987). El mundo interior de los enseñantes (1ª ed.). Barcelona: Gedisa.

Carbonell, J. (2015). Pedagogías del siglo XXI: alternativas para la innovación educativa. Octaedro.

Levinas, E. (1993). Humanismo del otro hombre. Siglo xxi.

Schwartzman, S. (2018). Universidad y desarrollo en latinoamerica Version completa.

 

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