Ciudades Inteligentes


 

Nuestra primera línea de difusión la constituyen las Smart Cities o ciudades inteligentes. Este término suele ser usado en diferentes sentidos, no todos ellos consistentes u orientados a la misma dimensión (o bien implican definiciones técnicas -usualmente prácticas-, o bien académicas -usualmente teóricas-). Al inicio conviene plantear que es un concepto amplio y abierto, centrado en la concepción de un espacio urbano conformado por un sistema de infraestructuras (físicas, tecnológicas y sociales), con redes y plataformas inteligentes. Ambos componentes confluyen en la ciudadanía como eje, y todos deben ordenarse en una gestión eficiente (Enerlis et al, 2012) y sustentable de todas las áreas locales sin olvidar a las y los ciudadanos en ese proceso.

 

Las smart cities resultan, en primero lugar, prospectivas en todas las dimensiones que las atraviesan (economía, gestión de goberno, movilidad e infraestructura, medioambiente, etc.), y están construídas sobre una concepción de ciudadano autónomo, independiente y consciente de los problemas y potencialidades de su espacio urbano (Giffinger, 2007). En este ecosistema, la tecnología y el diseño inteligente se encuentran al servicio, como catalizador, y nunca como fin de todo el proceso.

 

Avanzando un poco más en uno de los criterios más importantes de una ciudad inteligente -la integración-, nos vemos conducidos a hablar de sus infraestructuras críticas. Aquí una smart city implica su conformación física -puertos, energía, agua, comunicaciones-, su infraestructura de tecnologías de la información, y su infraestructura social, ordenadas en la optimización de recursos de manera sustentable (Toppeta, 2010), mientras brinda servicios al ciudadano (Harrison, 2010). La integración nos asegura un espacio interconectado, que en terminos de software implica la posibilidad de captura de datos en tiempo real (a través del Internet de Todo, de los dispositivos móviles en manos de las y los ciudadanos, y de las redes sociales como “sensores comunicacionales” humanos). El fin de la integración reside en construir inteligencia social. Y aquí por ‘inteligencia’ referimos a la posibilidad de análisis complejo de esos datos, de modelado y visualización de tendencias y regularidades sociales (una suerte de feedback en tiempo real y constante), a través del entramado tecnológico que integra hardware, software y tecnologías de red (Washburn, 2010).

 

Las ciudades inteligentes no están sólo hechas de tecnología. O, mejor dicho, el uso de la tecnología no se propone sólo la modernización y eficiencia de procesos junto con la mejora de flujos. Como menciona el Libro Blanco de las Ciudades Inteligentes, una ciudad inteligente debe también invocar y traducir valores sociales como los ‘Principios del Desarrollo Sostenible’ del Programa 21 de la ONU, tomando la innovación y la cooperación entre agentes como el eje ordenador y promotor del cambio. Y esto no termina aquí. Hay quienes sostienen que es necesario politizar (Fornes, 2013) a las ciudades inteligentes -los enfoques usuales suelen tener una visión de gestión, despojada de toda politica-. Así, el gobierno local deviene en un agente activo en la promoción de un liderazgo público con una orientación colaborativa para la construcción constante de gobernanza urbana.

 

Para nuestra cátedra, el enfoque smart aplicado al espacio urbano resulta fundamental bajo dos aspectos: 1) la insoslayable urbanización progresiva que viviremos en un mediano plazo (hacia 2050 el setenta por ciento de la población mundial vivirá en ciudades, lo que equivale a la urbanización de la población mundial del año 2005, repartida en sólo treinta y cinco centros urbanos), y 2) la posibilidad que las ciudades inteligentes representan para la apertura del gobierno y la transparencia, dado que conforman un ecosistema donde el intercambio de datos entre gobierno y ciudadanía es la regla.

 

Bibliografía utilizada:

 

• Enerlis, Ernst; Young, Ferrovial y Madrid Network (2012): El libro blanco de las Smart Cities, Imprintia, Madrid.

• Fornés, Tomás (2013): ‘Smart Cities y su impacto en la gobernanza local’, ponencia ante el XII Congreso de AECPA.

• Giffinger, R., Fertner, C., Kramar, H., Kalasek, R., Pichler-Milanović, N., & Meijers, E. (2007). Smart Cities: Ranking of European Medium-Sized Cities, Vienna, Austria: Centre of Regional Science (SRF), Vienna University of Technology.

• Harrison, C., Eckman, B., Hamilton, R., Hartswick, P., Kalagnanam, J., Paraszczak, J., & Williams, P. (2010). Foundations for Smarter Cities. IBM Journal of Research and Development, 54 (4).

• Toppeta, D. (2010). The Smart City Vision: How Innovation and ICT Can Build Smart, “Livable”, Sustainable Cities. The Innovation Knowledge Foundation.

• Washburn, D., Sindhu, U., Balaouras, S., Dines, R. A., Hayes, N. M., & Nelson, L. E. (2010). Helping CIOs Understand “Smart City” Initiatives: Defining the Smart City, Its Drivers, and the Role of the CIO. Cambridge, MA: Forrester Research, Inc.

 


 

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