Próxima parada: gobierno abierto en la Provincia de Buenos Aires


Por Julián Lopardo

 
 

Los que nos adentramos frecuentemente en lecturas vinculadas con la gestión pública, el Estado y sus relaciones con la Sociedad Civil y los mercados, conocemos de modas pasajeras que, como golondrinas teóricas, pasan en lo que dura un suspiro, dejando muchas veces más dudas que certezas. Y, ciertamente, la concepción en boga sobre las bondades del Gobierno Abierto genera toda clase de reacciones, desde aquellos que la visualizan como un cambio de paradigma que todo lo solucionará, donde confluiremos armoniosamente en un mágico equilibrio, hasta aquellos escépticos que lo ven como el último manotazo de ahogado del modelo capitalista para hacernos creer que decidimos algo, mientras oscuros factores de poder nos dominan a través de mecanismos cada vez más sofisticados.
 
Conviene entonces, antes de endulzarnos los oídos con el pegadizo tarareo del último hit del verano, reflexionar colectivamente: ¿para qué el Gobierno Abierto? ¿Sirve realmente a nuestros intereses como ciudadanos? ¿Reporta alguna utilidad a los dirigentes políticos para que adopten sus postulados? ¿O simplemente creemos que lo harán iluminados por una revelación divina que los guíe por la apacible senda de la transparencia?. La tríada Estado, Mercado y Sociedad Civil, históricamente ha redefinido sus relaciones y roles en la construcción del bienestar social, desde esquemas donde la dominación estatal avasalló las libertades económicas y civiles, hasta otros donde se intentó suplantar el necesario liderazgo estatal por modelos economicistas para la resolución de las problemáticas sociales.
 
En el contexto actual, un Estado en muchos sentidos “refundado”, que puede rememorar al viejo –y por muchos querido- “Estado de Bienestar”, va definiendo características propias que privilegian la apertura, la colaboración y la transparencia, como forma de nutrirse con las visiones de múltiples sectores sociales y construir con ellos un vínculo de confianza, sin delegarles su rol estratégico. Recobra el liderazgo político y reasume su función de ejecutor de las políticas sociales, ocupando el centro de la escena pública, pero se redefine a la luz de una nueva filosofía articuladora, la de Gobierno Abierto.
 
Esta concepción, que impulsó a las administraciones públicas a replantear sus relaciones con los ciudadanos, tiende a generar una relación de cooperación entre el gobierno, la sociedad civil y el mercado; fortaleciendo la planificación y el desarrollo de políticas públicas que den respuesta a las demandas ciudadanas y generen las condiciones estructurales para un mejor desempeño del complejo productivo y los mercados de intercambio, con base en los valores de integridad, confiabilidad y credibilidad. Así se generan dos efectos positivos: por un lado, el mayor compromiso de los sectores interesados que fueron involucrados en el ciclo de las políticas públicas; y, por el otro, un correlativo incremento en la legitimidad democrática de las acciones estatales.
 
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Con esa convicción, en Governeo entendemos que, para que la colaboración social –eje del Gobierno Abierto- sea real, y no una vaga y engañosa ilusión, deben trabajarse los cimientos que la tornen viable y deseable, tales como: una ciudadanía con acceso a la cultura e informada por múltiples y heterogéneos medios, como presupuestos para una verdadera participación; una regulación moderna que contemple procedimientos ágiles y variados de cooperación y acceso a la información; la implementación de las TIC’s y la reducción de la brecha digital para la universalización de su acceso; y un cambio de cultura organizacional en la estructura estatal, para tornarla capaz de canalizar, compatibilizar y dar sentido a los aportes relevantes de la Sociedad Civil, con el objetivo final de brindar respuestas concretas.
 
En esta línea, en la provincia de Buenos Aires existe aún mucho campo fértil por sembrar, tanto en la administración central como en los municipios, pudiendo mejorarse los canales de interacción con los ciudadanos en pos de incrementar su participación en el ciclo de las políticas públicas y sus aspectos regulatorios; desarrollar la interoperabilidad de sus bases de datos, con el objetivo de brindar servicios más eficientes y un ágil acceso a la información; simplificar sus procedimientos administrativos para generar una verdadera relación de colaboración con quienes acuden a ella en busca de soluciones; legislar mecanismos de accountability social; y acercarse a los habitantes de las regiones más alejadas de su capital, mediante una descentralización progresiva y la utilización intensiva de las TIC´s, como forma de acortar las distancias en un territorio tan vasto.
 
Profundizando estos mecanismos y diseñando herramientas innovadoras, los ciudadanos seremos escuchados y valorados al momento de formular políticas públicas que tiendan al bienestar general, los factores de la producción podrán aportar su visión sobre las bases estructurales a construir colectivamente para el desarrollo económico, y los conductores políticos reforzarán su legitimidad y sustentabilidad en el tiempo.
 
En síntesis, un verdadero –y realmente deseable- Gobierno Abierto, será una piedra fundamental en la construcción de un Estado renovado que, sin eludir la centralidad que le cabe, se abra progresivamente a la Sociedad, fortaleciendo sus acciones e incrementando su legitimidad democrática mediante la incorporación de aquellas propuestas orientadas a un desarrollo humano, social y económico cada vez más inclusivo.

 
 


 

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