Gobierno inteligente abierto: presente y futuro, mejorados 1


Por Celeste G. Box para OGP (blog)

 
 

(Este post fue publicado la semana pasada en el blog de la Open Government Partnership. Aquí publicamos una versión resumida, lo máximo posible para evitar mutilar las ideas principales).

 
 

Tomemos el gobierno abierto en su dimensión tecnológica (es decir, sin considerar mecanismos de participación y colaboración presenciales, como presupuestos participativos, y algunos otros formatos que pueden resultar híbridos entre lo digital y lo tangible, como incubadores cívicos, design thinking ciudadano, etc.). Ahora recuperemos uno de las maneras más promisorias de la tecnología aplicada a la gestión pública: el smart government (modelo de gestión intensivo en tecnología que dota al Estado de la capacidad de aumentar y mantener el flujo de información entre las diferentes dependencias para proveer servicios públicos de alta calidad (Harsh y Ichalkaranje, 2015)). Ahora preguntémosnos: ¿Es posible que el gobierno abierto encuentre en el gobierno inteligente una plataforma de implementación más sólida en términos tecnológicos? ¿Podemos pensar el smart government abierto, donde la apertura resulte perfeccionada? Sí. Este post se propone mostrar un camino.

 

Antes de empezar, es precisa una aclaración metodológica: no creo conveniente pensar esta cuestión en etapas sucesivas o incluso evolutivas: aquí, el #smartgov no resultará la evolución del open government, aún cuando mostraremos que el primero es una excelente manera de concreción del segundo. La razón es sencilla: los procesos que implican tecnología en el Estado, suelen ser complejos, de influencias múltiples, como para ser concebidos mecánicamente. Por ejemplo, la posición que señala al gobierno electrónico como precedente (monocausal) del gobierno abierto resulta ciega a la diferencia cualitativa que existe entre ellos: 1) ambos intensivos en tecnología, 2) ambos modernizadores, 3) ambos interesados en la transparencia, pero aquí  empiezan las diferencias (y no son de grado, sino cualitativas): mientras en el gobierno abierto transparentar reviste múltiples decisiones políticas activas en mano de un/os dirigentes políticos y funcionarios, en el gobierno electrónico el rol transparentador se desprende de la apelacion a las TIC… y más aún: asumidas como transparentadoras, algo que es necesario discutir con más detalle (Cf. Gasco, 2006). Otra diferencia determinante más: la implementación del open government no implica necesariamente uso de tecnología, mientras que el gobierno electrónico no podría pensarse sin ella, si se lo quiere llamar “electrónico”). Si tuviésemos que expresarlo de manera más formal, diríamos que las modificaciones en una manera de gestionar la administración pública pueden implicar características del modelo anterior, pero conllevan también un factor exógeno que cambió la dinámica (si A deviene B, algo sucedió por fuera de A para que ahora exista B. Esa transformación reconfiguró la naturaleza de A, por lo que resulta poco preciso decir que B es sólo ‘A mejorado’).

 
 

Volvamos a nuestro plan, y pongamos manos a la obra. En un trabajo estupendo de Jiménez et al (2014) encontramos unas tesis muy útiles para nuestra exposición. Los autores articulan tres elementos: la dinámica organizacional (institucional), las TIC y la modernización del Estado. Muestran cómo la relación de esos componentes resulta en diferentes dinámicas institucionales. Así, en una configuración de gobierno abierto, la dinámica organizacional es relacional y la fase de modernización resulta avanzada, mientras que en un ecosistema smart (de suyo interconectado), la dinámica organizacional inteligente, conlleva una fase de modernización óptima. Pero aquí no termina la cuestión. Un ecosistema smart debe concretar y construirse a partir de dos condiciones: 1) interoperabilidad generalizada (la habilidad de dos o más sistemas/componentes para intercambiar y utilizar información (IEEE, 1990), que al traducirse en su dimensión institucional posibilita que organizaciones dispares -en términos de agregación administrativa- y diferentes -en sus fines y materias-, puedan lograr intercambios fluidos de información, según unos fines que se han preestablecido); y 2) innovación abierta (o crowdsourcing:  el desarrollo de inteligencia con recursos no sólo proveniented del interior de la organización. En el caso de la administración pública suele ser utilizada para la producción de servicios públicos –no necesariamente intensivos en tecnología- desarrollados en colaboración con varias oficinas y participación activa de la ciudadanía). Por cierto, estas definiciones y caracterizaciones de ambos componentes (interoperabilidad e innovación pública abierta) corren por nuestra cuenta y no son necesariamente las que expresan o consideran los autores citados.

 

Lo que aquí quisiera exponer, rescata de este trabajo los dos componentes de la fase de modernización smart, pero suma dos más (smart disclosure y social government) para poder extender los límites del planteo teórico y expandir el horizonte empírico de la implementación en la administración pública concreta. Con estos cuatro componentes, podremos afirmar que implementar un gobierno inteligente puede implicar un mejor gobierno abierto.

 
 

Nada es tan nuevo como parece (o tan exitoso)

Si bien el gobierno inteligente representa una gran posibilidad para la apertura de la gestión, es necesario aclarar que no todos sus componentes son novedosos. No lo son las dos condiciones propuestas más arriba por Jiménez (la interoperabilidad y la innovación pública abierta –una de las tantas maneras de implementar el principio de colaboración del gobierno abierto-), pero además de ello, tampoco han sido los aspectos más exitosos dentro de las estrategias concretas de open goverment. La colaboración resulta el principio más complejo de implementar a la hora de abrir una gestión (al igual que la participación. Tanto es así que las estrategias concretas de apertura suelen apuntar con mayor éxito a una transparencia y apertura de datos incipiente). La razón de esto puede estar en la falta de recursos (económicos, humanos, etc.) en la oficina pública, en la inercia que provocan los procedimientos estandarizados de la organización, e incluso en los modelos mentales de los actores, que no les permiten introyectar nuevas prácticas (incorporar metodologías colaborativas –de cualquier índole- requiere un cambio de perspectiva difícil de provocar en el corto plazo). En el caso de la interoperabilidad, la situación es también problemática, pero por otras razones: es una condición técnica e institucional que excede la implementación del gobierno abierto. Y esta es la razón por la que no es posible lograrla desde la propuesta de la apertura de la gestión. En síntesis, la era del gobierno abierto que comenzó en 2009, siempre requirió de interoperabilidad… ¿Entonces? ¿Cómo puede ser que no resulte un factor en el que estemos más avanzados? La razón está por fuera del gobierno abierto y la administración pública. La razón no reside solamente dentro de las administraciones (y esta es mi segunda digresión):

 

La relación que establece el gobierno abierto con la tecnología es de asociación (muy diferente de la del gobierno inteligente, que es de articulación). Los cambios en la esfera de la gestión pública no acontecen en vacío, sino en un espacio societal que varía por sus propias lógicas, independientes de la administración pública. Si pensamos en la interacción de la tecnología y el Estado, no será difícil concluir que el avance acelerado reside más en la primera más que en el segundo (muy reacio a los cambios abruptos o estructurales). Si ahora recuperamos la cuestión de las dificultades del gobierno abierto para implementar la interoperabilidad, tenemos que pensar en la relación del gobierno abierto con la tecnología. Expliquemos la relación de asociación entre ellos con un ejemplo muy simple: el surgimiento de la Web 2.0 implicó uno de los cambios recientes más grandes de la Internet y de nuestras vidas (modificó usos, prácticas, comunicación y relaciones). Ése cambio surgió y se desarrolló por fuera del Estado, y sólo luego de acontecer se asoció a lo público (como a otros muchos aspectos de nuestras vidas). Este cambio tuvo una injerencia determinante en el gobierno abierto, de tal magnitud que hasta modificó su mismísima definición: el memorando de Obama, reformula la definición de open government de la OCDE, agregándole la esencia misma de la Web social, es decir, la colaboración. Hoy en día naturalizamos a la apertura de gobierno con su principio de colaboración, pero en realidad, éste es una innovación post 2009 (muy relacionado a la maestría de Obama en su uso de las redes sociales para alcanzar la presidencia). De este modo, la tecnología y sus cambios, reingresa al gobierno a través de la reformulación de un concepto pre-existente en una coyuntura histórica determinada. Pero aún resulta una variable independiente de aquél (se desarrolla por sí sóla, por fuera de su espacio) que intersectan al gobierno y deviene en un nuevo concepto de gobierno abierto.

Dado que la relación es de asociación entre dos componentes, en la práctica tienen la suficiente autonomía como para que no sea tan sencillo operar desde uno (el Estado, la gestión) sobre la otra (la tecnología). Y a su vez, no es tan fácil lograr modificar el todo (la interoperabilidad) desde la parte (el gobierno abierto). Es por esto que, además de otros factores al interior de la organización, la posibilidad de concretar la interoperabilidad haya resultado esquiva. En un formato de smart government, la relación entre tecnología y gestión es de articulación, y por ello la interoperabilidad es una condición que ya no puede ser contingente.

En un ecosistema smart, la tecnología resulta un componente infraestructural, y lo suficientemente desarrollado como para recoger datos de manera eficaz y eficiente con información fiable anclada en tiempo y espacio (que a su vez tiene capacidad predictiva) y arrojarla constantemente a la gestión a través de procesos constantes en el tiempo y servicios. Esto que parece una afirmación muy abstracta, es en realidad muy concreta y puede traducirse en que ahora, tecnología y Estado, se imbricaron.

 
 

Gobierno inteligente, sólo si está abierto.

Esa imbricación entre gestión y tecnología facilita y promueve los procesos que se desprenden de su cualidad tecnológico-intensiva. El smart government no sólo resulta un nuevo nivel para la tecnología aplicada a lo público, sino que además tiene la capacidad para incorporar al gobierno abierto, llevar a cabo algunas de sus cuentas pendientes (colaboracion, interoperabilidad)… además de sus propias características, claro. Sobre ésto se basa el argumento principal de este post: un smart government puede realizar sus propios fines –aumentar y mantener un flujo de información entre las diferentes dependencias del Estado, de ellas con el ciudadano a través de servicios públicos de calidad- y también puede concretar de manera acabada la apertura tecnológica.

 

¿Qué debe articular un gobierno inteligente para llegar a este estado de cosas? Pues además de lo dicho, es preciso completar el espectro con el avance, consolidación y perfeccionamiento de la apertura de datos: construir smartness a través de datos abiertos conlleva una smart disclousure (divulgación inteligente), para poder acceder a aquellos que ayuden al desarrollo ventajoso ciudadano al mismo tiempo que proveen servicios públicos (esta es la razón por la que la administración Obama promovió la apertura inteligente con la Task Force on Smart Disclosure y el sitio consumer.data.gov, una plataforma centralizada para la apertura inteligente de datasets y recursos para la disposición de la comunidad). Desde ya, aquí también resulta preciso que esos datos sean relevantes para tomar decisiones implicadas en la provisión de esos servicios públicos (Gerety y Raseman, s/d), y además, también es necesario avanzar hacia la disponibilización de datos del propio acceso y beneficio de los ciudadanos de esos servicios (Gigli Box, 2014). Esto permitirá optimizarlos, conocer su impacto, repensar metodologías de acceso a esos beneficio, etc. En segundo lugar, un smart government que perfeccione un gobierno abierto precisa de la provisión de información para la optimización de servicios inteligentes a través del social government (o gobierno 2.0, es decir, el dispositivo comunicacional gubernamental 2.0 en redes sociales, wikis y plataformas de participación). Este flujo de información constante -que no en todos los casos pertenecen a estrategias de gobierno abierto- mantiene al gobierno en conexión multidireccional con oficinas y ciudadanía a través de compartir constantemente información. En un ecosistema smart, los medios sociales deben integrarse como constante provisión de feedbacks comunicacionales de índole cualitativa (diferentes de los que implican las estructuras smart, capaces de recolectar grandes conjuntos de datos). La capacidad de recabar usos, prácticas y recepciones de los servicios en tiempo real resulta insoslayable si queremos que la categoría ‘inteligente’ alcance todo su espectro.

 

En futuros posts podremos mostrar más y mejor algunas cuestiones que aquí me he visto obligada a mencionar sumariamente y ahondar sobre las características específicas de esta propuesta (es necesario precisar y recorrer con detalle cada uno de los dos universos que representa los componentes mencionados: social government y smart disclousure). También es preciso exponer cómo se instrumenta esta estructura en la realidad, tanto como diseño tecnológico (para ser presentado a las administraciones públicas interesadas) y como implementación de gestión (una vez decidida su incorporación). Pero allende todo esto, nada nos resulta más valioso que abierto e inteligente estén unidos en una conjunción y que esa dupla se predique del gobierno.

 
 
 

Bibliografía

– Bartenberger, Martin y Grubmüller, Verena (2014): The Enabling Effects of Open Government Data on Collaborative, Governance in Smart City Contexts. Disponible en  http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.2474974
– Chesbrough, Henry et al (2006): Open Innovation: Reaching a New Paradigm, OUPress: New York. pp: 1-12
– Harsh, Akhilesh y Nikhil Ichalkaranje (2015): Transforming e-Government to Smart Government: A South Australian Perspective, en L. C. Jain, S. Patnaik y N. Ichalkaranje (eds.) “Intelligent Computing, Communication and D evices”, Springer: Alemania.
– Institute of Electrical and Electronics Engineers (1990): Standard Computer Dictionary: A Compilation of IEEE Standard Computer Glossaries, IEEE: New York
– Gasco, Mila (2006): Gobierno electrónico eficacia y eficiencia sí ¿pero transparencia también? en “A los príncipes republicanos: gobernanza y desarrollo desde el republicanismo cívico”, Joan Prats i Catalá. pp. 267-270
– Gerety, Amias y Sophie Raseman (s/d): Three Data Access Trends Shaping the Future of Community Development: Open Data, My Data, and Smart Disclosure. Disponible en http://www.whatcountsforamerica.org/portfolio/three-data-access-trends-shaping-the-future-of-community-development-open-data-my-data-and-smart-disclosure/#_ftn1
– Jiménez, Carlos et al (2014): Smart Government: – Opportunities and Challenges in the Development of Smart Cities en Ć.Dolićanin, E.Kajan, D. Randjelovic, B. Stojanovic (eds) “Handbook of Research on Democratic Strategies and Citizen-Centered E-Government Services”, IGI Global.
– O’Brien, Adelaide (2012) Optimizing the Value of Social Media to Deliver Smart Government, IDC Government Journal: Washington
– Rubel, Thom (2014): Smart government: creating more effective information and services (online). Consultado el 21 de junio en: http://www.govdelivery.com/pdfs/IDC_govt_insights_Thom_Rubel.pdf


Acerca de Celeste G.Box

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