Gobernanza en beta permanente: Planificando el largo camino hacia el gobierno abierto


Por Borja Colón

Las poderes públicos se encuentran actualmente ante un reto apasionante, un desafío de enorme dificultad que debe implicar al conjunto de las organizaciones para tener una probabilidad mayor de éxito. Ciertamente, las Administraciones públicas están cambiando, quizá al calor y/o a la zaga de la demanda social, pero en definitiva están evolucionando día a día para alcanzar un grado de madurez institucional nada reprochable.

Y la denominada Administración electrónica es, en este contexto, solo la primera piedra en el camino que nos debe llevar inevitablemente a un Gobierno abierto, participativo y trasparente, de lo que se deduce, pues, que ésta no es un fin en si mismo, sino solo la primera pieza de un puzle mucho mayor.

Debemos elevarnos, entonces, en nuestro análisis de la situación y huir del día a día para conceptualizar la Administración electrónica desde una visión holística e integradora, porque en un futuro no muy lejano, la Administración pública será electrónica o, sencillamente, no será.

Por lo que respecta al carácter planificador de nuestras estrategias en torno al Gobierno Abierto, no podemos olvidar las palabras de Henry Mintzberg en su “Rise and Fall of Strategic Planning”, cuando explicó que todo era un poco más complicado que hacer un DAFO, dictar una misión y desplegar estrategias. De este modo, el diálogo con el entorno cambiante debe ser una variable fundamental de la planificación estratégica incorporando conceptos nuevos como el de las llamadas estrategias emergentes. Desde que se acuñaran los términos de modernidad líquida y tiempos líquidos por parte del profesor Zygmunt Bauman ya nada ha vuelto a ser lo mismo por lo que a la forma de enfrentarse a la incertidumbre se refiere.

Hoy los planes estratégicos deben servir como guía para ordenar el cambio, para establecer los mecanismos de relación con los contextos cambiantes, para definir políticas respecto del talento y generar un modelo de innovación. Los planes estratégicos no son un buen instrumento para definir al detalle lo que cada organización debe hacer en cada uno de sus rincones, sino para mantener un rumbo, una visión y dotarse de instrumentos para pensar en cada momento que es lo que nos permite acercarnos más a nuestros objetivos.

Así pues, vamos a necesitar otro paradigma, ya que el poder, los líderes, las ideas, la información, la asignación de recursos, los grupos, los elementos motivadores, se comportan de forma diferente. Este cambio de paradigma nos está llevando a planificar en beta permanente, acelerando el ritmo de renovación estratégica en las organizaciones, logrando que sean capaces de una revisión constante, sin traumas, y sin necesidad de llegar a una crisis.

En conclusión, debemos diseñar sistemas de planificación capaces de responder a los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad, nuevos modelos de organización, trabajo en red, creatividad, nuevos tipos de liderazgo, entornos cambiantes y convulsos, mercados inestables, etc. Es en este contexto donde hablamos de planificación 2.0 o planificación en beta permanente, y es en este preciso instante en que las Administraciones públicas tenemos que dar el salto hacia adelante, sin perder el sentido de nuestra existencia basado en la satisfacción del interés público pero aprovechando al máximo las oportunidades que un mundo en constante movimiento nos da.

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