Abrazo a las Facultades y Bachillerato

Este martes 14 de agosto, a las 14 hs., docentes, no docentes y estudiantes de las Facultades de Bellas Artes, Trabajo Social y del Bachillerato de Bellas Artes, llevaremos adelante un abrazo a nuestras instalaciones, como forma de visibilizar nuestros reclamos ante la sociedad.

Invitamos, desde nuestra cátedra, a toda la comunidad de esta Facultad a sumarse a esta actividad.

PARO NACIONAL DE DOCENTES UNIVERSITARIXS

Este miércoles 11, la cátedra de Economía política se adhiere al paro.
En el marco del Paro Nacional de Docentes Universitarixs convocado para
los días martes 10 y miércoles 11 de abril, los profesores organizados
en ADULP cortaron este martes de forma parcial el acceso a la autopista
Buenos Aires – La Plata, a partir de las 8 de la mañana. El principal
reclamo de los trabajadores es el 25% de recomposición salarial, con
cláusula gatillo y jerarquización, frente a la decisión del Gobierno de
imponer techo a las paritarias.
En la continuidad del plan de lucha, que también incluye la demanda por
mayor presupuesto para la Universidad, la ciencia y la tecnología, los
docentes seguirán con la medida de fuerza el miércoles 11, y realizarán
una masiva clase pública en la Plaza Moreno, de las 11hs en adelante, a la la cual convoca la cátedra de Economía Política de la Facultad de Trabajo Social.

Economía Social y Solidaria

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Prezi unlp

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¿Por que economía política en trabajo social?

colaboración

Se considera necesario establecer los fundamentos de esta propuesta en dos planos: por un lado, explicarnos el porqué de ciertas tensiones a la hora de pensar la inclusión de la economía política en la currícula de las carreras vinculadas a las ciencias sociales y, a su vez, la necesidad de dicha inclusión. Y por otra parte, explicitar el recorte pedagógico desde el cual se abordará la asignatura en esta Carrera.
Durante siglos, las relaciones económicas han estado sujetas a un intento de naturalización, es decir buscando que los sujetos asumieran disciplinadamente el orden económico, y por lo tanto social, vigente. Así, cada momento fue escenario de disputa en términos de construcción de una hegemonía discursiva.
En ese derrotero, se ha erigido como pensamiento dominante, sobre todo en el ámbito académico, un discurso ortodoxo que se identifica, principalmente, con la teoría neoclásica, desde su surgimiento en el siglo XIX. Cuestionado con mayor o menor intensidad, siendo desplazado parcialmente en algún momento, su predominancia en los procesos de enseñanza aprendizaje, se verifica aún en nuestros días.
Si bien acepta la convención de situar a la Economía como ciencia social, en los hechos el discurso neoclásico no problematiza, ni siquiera incorpora en sus análisis la pertenencia de los individuos a distintas clases o grupos sociales. El individuo es tomado como tal, despojado de determinantes históricos, puesto ante el desafío de internalizar las pautas de racionalidad, de eficiencia que deben guiar su desempeño económico. Es más, este discurso se reconoce no ya ocupando la centralidad en el espacio discursivo, sino que, en los hechos, concluye no reconociendo entidad científica a otros discursos.
La renuncia de los economistas convencionales a definir a la Economía según su objeto de estudio, las relaciones sociales de producción, distribución y consumo, concluye reduciéndola a un conjunto de herramientas destinadas a explicarlo todo (Chang y Aldred, 2014). Sin embargo, en distintos ámbitos de estudios y análisis se expresa la frustración ante la insuficiencia cuando no la inutilidad de dicho despliegue herramental para explicar los numerosos y sucesivos avatares que presenta la economía tanto a escala mundial como regional y local. Ante esto, se siguen sucediendo respuestas a los cuestionamientos que buscan más preservar esquemas analíticos formales antes que asumir autocríticamente las falencias. Por caso, el ganador del premio Nobel, Robert Lucas, ha sostenido que la actual crisis por la que atraviesa el capitalismo mundial no fue predicha porque la teoría económica predice que esos eventos no pueden predecirse (Davies, H. 2012).
El intento de escindir lo social de lo económico es un vector del discurso ortodoxo y se ha traducido en políticas económicas concretas durante vastos períodos de hegemonía de dicho discurso. En especial, tanto en nuestro país como en la región, han tenido consecuencias en términos de desigualdad y pobreza, problemáticas que se han transformado en estructurales.
Asistimos, entonces, a un intento de legitimar las perspectivas particulares de trabajo, autoridad, reglas sociales y valores que sustentan la lógica y la racionalidad capitalista, particularmente tal como se manifiestan en el lugar de trabajo (Giroux, H., 1985). Este discurso pareciera encontrar mejor capacidad de despliegue en términos educativos bajo la perspectiva tradicional. Esto es ciñéndose a pautas de transmisión de conocimientos objetivados, infalibles y, en algunos casos, indiscutibles, producto de la elaboración por parte de pensadores que han logrado resolver el problema económico a partir del hallazgo de certezas. Se configuran así, ciertos rasgos en los sujetos intervinientes en la dimensión áulica que tienden a consagrar un papel activo en el docente y meramente pasivo en el estudiante. En palabras de Freire, estaríamos ante un modelo de educación bancaria, en el que los saberes y pautas son depositados en el estudiante, quien a su vez se “capitaliza” a partir de la transmisión de los mismos (Nassif, R., 1981). En síntesis, el contenido del discurso estructura un proceso de aprendizaje alejado de concepciones democráticas.
Sin perjuicio de lo expresado, se han construido respuestas desde los sujetos sociales subordinados, a veces a través de movimientos sociales, otras a partir del acceso al poder estatal y, desde ya, desde diversos ámbitos educativos. Respuestas que han sido sujetas a procesos de abstracción y sistematización, cuya formulación abarca distintas dimensiones, entre ellas la política y la académica, con variados resultados y limitantes a la hora de su puesta en juego, de su ejecución. Esto ha dado origen a diversas polémicas que atraviesan dimensiones entre las que se encuentra, primordialmente, la social.
Lo que viene a remarcar que todo proceso de dominación genera sus resistencias, es decir que no hay “crimen perfecto”, no hay una imposición libre de barreras. El proceso de aprendizaje está atravesado por estas tensiones. El obstáculo para que dicho crimen no quede en el terreno de la impunidad no es otro que el desarrollo de la conciencia crítica. Esto es, la aptitud del ser humano para construir una visión de la realidad propia, superando el bloqueo que le impone la lógica del poder. (Zemelman, H., 1998).
En esta propuesta, se parte de asumir que las relaciones de producción, distribución y consumo son, al fin y al cabo, relaciones sociales. Y como tal, experimentan mutaciones, por lo que constituyen un objeto de estudio cambiante conforme el desarrollo histórico.
A su vez, las discusiones, las tensiones, los conflictos deben reconocerse, asumirse, en contextos históricos concretos, con relaciones de fuerzas, en mayor o menor medida, explicitadas. En ese marco, las prácticas educativas son intrínsecamente prácticas sociales con una especificidad pedagógica (Silber, J, 2007), pero en el caso de la economía la polémica se instala en la sociedad en términos de problemática doméstica, cotidiana.
Problemáticas como el desempleo, inflación, distribución de excedente, endeudamiento, desequilibrios regionales, entre otros, merecen ser puestas en términos de polémica, para lo cual es necesario conocer y nutrirse de diversas perspectivas, no tanto con la pretensión de lograr síntesis, sino de asumir un posicionamiento claro de intervención. Ese abordaje no puede desconocer la visión del mundo inherente a todo sujeto que se acerca al objeto de estudio
Se sostiene que para un Trabajador Social es fundamental interpelar el orden social existente para darle sentido a su intervención. En esa tesitura se impone, a los efectos de la formación de Grado, no solo entender el funcionamiento del Capitalismo sino tomar conciencia de su despliegue en términos de construcción de relaciones entre sujetos con sus consecuencias, el papel del Estado en sus intervenciones, tales como políticas públicas. En lo específico, esa búsqueda se perfila a dotar de categorías, conceptos, distintas herramientas de análisis que permitan indagar tanto sobre la región y el país, así como en las experiencias concretas de intervención que llevan adelante los distintos sujetos de la Institución. Pero dicho proceso no debe ser entendido como la mera acumulación de conocimientos, sino que debe poner énfasis en el carácter creador del mismo proceso, propendiendo a la elaboración de pensamiento teórico (Zemelman, H., 1998).
Lo precedentemente expuesto impone la necesidad de abordar la Economía Política como ciencia social y decididamente polémica, indagar acerca de sus discursos y analizar las problemáticas específicas del país. Esta visión se constituye desde el punto de partida de asumir el carácter periférico de nuestro país, con sus condicionantes sociohistóricos. Para tal tarea se asume que tanto los sujetos como el objeto mismo están construyéndose continuamente en el mismo proceso, desde una perspectiva pedagógica crítica, lo que apunta no solo a una limitada discusión de contenidos, sino la puesta en juego de los mismos en el análisis concreto de la realidad

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