El valor de lo que hacemos


Las respuestas a nuestra encuesta sobre las emociones y las TIC

Por Silvia C. Enríquez

Nuestra encuesta recibió un número bastante bajo de respuestas (solamente diez), y la variedad de lo dicho en ellas hace difícil sacar conclusiones basadas en porcentajes estadísticos. ¿Significará esto, tal vez, que resulta un tema difícil de abordar? Vamos a analizar esta encuesta deteniéndonos en los comentarios más relevantes, para intentar  arribar a algunas conclusiones.

Seis de las personas encuestadas respondieron que sí habían hecho aportes en nuestra Comunidad en una o más oportunidades, mientras que otras cuatro afirmaron no haberlo hecho nunca. Quienes respondieron que participaron alguna vez manifiestan haberlo hecho porque consideraron que tenían algo significativo que aportar,  sabían sobre el tema y les interesaba. Y también porque, como dice una de las respuestas,

“…el intercambio de conocimientos por los medios virtuales amplía nuestra visión sobre temas y problemas cotidianos de la educación y otros aspectos de la vida social. Asimismo, se intercambian documentos, experiencias, se crean amistades, se supera en parte el localismo y la rutina en la forma de pensar. Participar en comunidades virtuales nos pone contacto con otras personas generando expectativas de respuestas en torno a mis inquietudes, conocimientos, sentimientos y valoraciones sobre lo que se comparte.”colaboración

Citamos esta respuesta con cierta extensión porque estamos plenamente de acuerdo con lo que plantea  y, sobre todo, porque manifiesta interés por entrar en contacto con otros colegas. El primer dato para tener en cuenta, entonces, por parte de quienes necesitan “perder el temor a exponer posturas criticables”, como expresa otra respuesta, es que quienes hacen aportes valoran lo que otros tienen para decir.

Ese mismo temor al modo en que se reciba lo que aportemos se repite en varias respuestas, con comentarios de este tenor: participaría “si estuviese convencida de que mi aportación sería eso: una aportación, algo útil o interesante o nuevo…”. Por eso, nos permitimos hacer las reflexiones siguientes, esperando que sean útiles para quienes todavía no han aceptado la invitación de sus colegas a comunicarse para aprender.

¿Es verdad que existe la posibilidad de que nos critiquen o agredan? Esto nunca sucedió hasta ahora en nuestros espacios, y no lo vemos en los diversos ámbitos de comunicación profesional que frecuentamos. Los intercambios de opiniones  que suelen leerse siempre se producen en un clima respetuoso. Naturalmente, aparecen  diferencias de opinión, pero esto es bueno y contribuye a que todos aprendamos más. Entonces, ¿por qué no nos animamos a intervenir?

Comunicar lo que sabemos, o lo que queremos aprender,  nos ayudará a valorar más lo que ya todos hemos experimentado: los docentes responsables de su trabajo adquieren nuevos conocimientos y también una experiencia práctica que es muy valiosa para los demás y debería transmitirse. Nunca descubriremos esto si no nos animamos a intercambiar ideas, porque solo cuando lo hagamos constataremos que otros las consideran interesantes, útiles, bien pensadas. La respuesta que citamos anteriormente, por ejemplo, concluye diciendo “[s]iempre espero una reacción del lector”. Si otros lo hacen, nosotros también debemos aprender a valorar lo que hacemos, no tener miedo a mostrarlo y compartirlo. Es un desafío que se debe afrontar para crecer profesionalmente.

Por supuesto, existe la posibilidad de que nos equivoquemos. Sin embargo,  eso hará que nuestra opinión sea discutible, pero no errónea. Que otros no estén de acuerdo no significa necesariamente que hayamos cometido un error. Y, aun si se diera el caso de que alguien no respetara la opinión ajena, esa actitud alejada de la ética profesional también quedaría expuesta, visible para todos en Internet. Creemos que lo criticable es no tener una actitud constructiva. En cambio, todos valoran el interés por intercambiar conocimientos.

Debemos aprender a ser asertivos, a no tener miedo de que nuestras opiniones, conocimientos y experiencias se hagan públicos. Esta práctica, naturalizada en muchas profesiones, no es habitual para muchos docentes. Y, sin embargo, ¿no deberíamos todos los educadores replantearnos el modo en que nos actualizamos y compartimos conocimientos con nuestros colegas y asumir la idea de que debemos continuar capacitándonos constantemente? Porque, como sucede en cualquier ámbito de la vida, el hecho de saber que sabemos lo necesario nos va a dar la seguridad de que no vamos a hacer el ridículo.

Reflexionemos un poco sobre esta idea: ¿en qué se basa nuestra práctica y experiencia si no actualizamos nuestros conocimientos? ¿Quizás en la intuición? Pero, ¿es la intuición, aun la de alguien con conocimientos sobre el tema, un fundamento verdaderamente sólido? Este tipo de análisis puede (seguramente debería) llevarnos a volver a pensar incluso las razones por las que queremos ser educadores.  ¿Estamos capacitados para enseñar en las circunstancias actuales, o nuestra labor se ha vuelto rutinaria en alguna medida y seguimos utilizando los conocimientos adquiridos hace tiempo (décadas tal vez) sin plantearnos si todavía están vigentes?

El modo de no ser criticados ni quedar en evidencia es saber, y para eso hay que continuar aprendiendo a lo largo de toda la vida. Todos los docentes tenemos que comprender que lo único lógico es que nos perfeccionemos constantemente. La conciencia de que lo que hacemos tiene fundamentos es lo que nos va a permitir encontrarnos con nuestros colegas en pie de igualdad para intercambiar ideas y conocimientos sin temores ni complejos.

Como complemento a estas reflexiones, los invitamos a ver el siguiente video:

http://www.oei.es/divulgacioncientifica/?Mariano-Marti%CC%81n-Gordillo-La

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